al señor del Renault 11 rojo

Un día de sol puede que vea tan solo un auto sobre la vereda, puede que piense que qué lindo el color o qué feo que se le oxidó la parte de atrás. Puede que piense que lo subió a la vereda para bajar más fácil las cosas del baúl, que no lo entró en el garage porque iba a volver a salir pronto, que olvidó bajarlo a la calle otra vez.

Si lo veo por segunda vez y justo vengo del jardín y tuve 4 horitas tooodas para mí, si ese día el padre de la criatura no trabajaba y se lo llevó un rato a lo del abuelo y yo estoy yendo a la quesería sola, sin niño y sin fucking paragüitas, puede que vuelva a ser anecdótico el auto sobre la vereda. Puede que sólo me suscite algún recuerdo sobre el comentario de mi madre de la multa que le hicieron por dejar el auto así.

Pero, señor del Renault 11 rojito, sepa que puede que yo venga de una semanita de pestesinjardín. Puede que venga de un finde de concubino ocupado-ausente. Puede que el niño se haya tirado encima un frasco de mermelada y lo haya encontrado comiendo arándanos granizados con vidrio. Puede que antes o después haya hecho un escándalo por un yogurth en la cola del super. Puede que se haya tirado al piso a patalear en 3 casas de electricidad. Puede que yo haya subido y bajado la escalera de casa literalmente 18 veces con los 11 kilitos encima. Y puede que ese hermoso paseíto en coche sea un intento desesperado por adormecer al niñito de mi corazón y tener 40 minutos de paz. Puede que antes de encontrarme con su auto, por tercera vez, sobre la vereda, ocupando absolutamente todo el ancho, obligándome a bajar y subir el cordón con el coche una vez más, haya luchado con quichicientas baldosas rotas. Sepa que en el mejor de los casos puedo tener papel y lapicera a mano y dejarle un simpático cartelito en el parabrisas recordándole la prohibición de estacionar donde usted lo hace y explicándole las razones por las cuales acuerdo con la ley. Mis razones.

Pero también puede que no quede en mí ya ningún rastro de civilidad y arremeta por el mínimo pasillito entre su capot y la puerta de su garage con mi Kiddy C 12 Verde Manzana y ay, no quisiera usted salir justo en el momento en que se produzca el rayón. Imagínese si tiene el tupé de protestar por el rayón. ¡Imagínese! No, señor. No se meta con una madre 20 hs. diarias de niño en edad de berriche, exploración del mundo y cero noción del peligro. Cuídese y cuide sus pertenencias. Porque como dijo una de mis amigas, nadie tiene la más mínima idea de cómo son las hormas del zapato del otro. Pero puede que ese día mi capacidad didáctica no sea exactamente digna de admiración…

 

 

 

 

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