ven a mi casa suburbana

Suburbio es una palabra que conocí con series yankees. Ésas de familias con dos autos, que compran en supers que entregan la comida en bolsas de papel. Suburbio me sonaba a Beethoven. O a Aquellos años felices.  Pues resulta que gracias al nuevo plan de construcción de viviendas, los hijos de la clase media empobrecida que alquilábamos o vivíamos de prestado en la ciudad, ahora somos propietarios en los suburbios. O seremos, en 2 décadas, de una casa que ya habitamos y que cada día es un poquito más nuestra.

El barrio que nos recibe, si bien se va llenando, poquito a poco, de esos cartelones azul francia que anuncian la construcción financiada por el gobierno, nos considera un bicho raro. Fuimos a parar entre la casa de un albañil y la de un camionero. Yo creo haber hecho buenas migas con la esposa del segundo, pero J. dice que seguimos siendo los raros.

El hijo más chico del albañil juega con nuestro hijo. Como recién cumplió 3, aun no va al jardín… como el nuestro, institucionalizado desde los 4 meses de edad. Los veo jugar y pienso qué tan diferentes serán sus recorridos los próximos años, viviendo pared de por medio. R. irá al jardín del barrio, al público, como fueron sus hermanos mayores. P. no sé adónde irá, pero probablemente a alguno del centro, ya que no me convence el público del barrio, pared de por medio con la cárcel, ni el privado del barrio, bautista.

Con J. hablamos muchos sobre el cambio de vida. En el pasillo donde vivíamos antes, no nos hablábamos con nadie. Bueno, sí, con el señor del 2 que se ocupaba de la luz del pasillo es muy amable. Y una vez le recibí una caja de Natura a la revendedora del 4. Una vez… en 5 años. A la del 4 que se llama “Eli”, de Elizabeth, o de Elisa… El del 2, en cambio, sé fehacientemente que no se llama Elizabeth ni Elisa. Se llama… ejem…

Acá sé perfectamente cómo se llaman los vecinos. Sobre el dueño del “ua ojo”. Unos saludan a la bandera. Otros a dios. Nosotros todas las tardes saludamos al camión de D.

P con el uá ojo